11 DE DECEMBRO. VLADIMIR MOGILEVSKY (piano)

PRIMEIRA PARTE

Wolfgang Amadeus MOZART (1756-1791)
Fantasía en re menor KV 397

 

Ludwig van BEETHOVEN (1770-1827)
Bagatela para piano «Para Elisa»
Sonata en do sostenido menor  (Nr.14) op.27  Nr.2  «Sonata Claro de luna»

 

Franz SCHUBERT (1797-1828)/ Franz LISZT (1811-1886)
Vals Caprice num.6  de «Soirées de Vienne“

 

Franz LISZT (1811-1886)
Nocturno num. 3 (S 541)

 

Claude DEBUSSY (1862-1918)
«Claro de Luna» de la «Suite Bergamasque»
«La más que lenta», Vals

 

George GERSHWIN (1899-1937)
Tres Preludios
«I got rhythm», transcripción de la canción

 

SEGUNDA PARTE

Frédéric CHOPIN (1810-1849)
Nocturno op.9 Nr.2 en mi bemol Mayor
Nocturno op. post. en do sostenido menor
Vals Op.64 num.2 en do sostenido menor
Gran vals brillante Op.18 en Mi bemol Mayor
Polonaise en La Mayor, op. 44en Fa sostenido Mayor

 

Alexander ALYABYEV (1787-1851)/Franz Liszt
«Die Nachtigall » («el ruiseñor»,  transcripción de Lied)

 

Antón RUBINSTEIN (1829-1894)
«Romance» op.44 Nr.1 en Mi Mayor
«Melodie» op.3 Nr.1 en Fa Mayor
«Polka» (Bohéme) op.82 Nr.7 de «Danzas Nacionales» en Sol Mayor

 

Alexander SKRIABIN (1872-1915)
Preludio y Nocturno para la mano izquierda op.9

 

Sergej RACHMANINOV (1873-1943)
Preludio  en Sol Mayor, op.23 Nr.5
Preludio  en do sostenido menor , op.3 Nr.2

 

Solo faltó uno

julio andrade malde 13.12.2018

Cuando salió a escena para ponerse ante el piano, nos acometió una vaga e inquietante sensación de déjâ vu. Sin llegar a parecerse del todo, Vladimir Mogilevsky nos recordaba a Grigori Sokolov por su corpulencia, una cierta cargazón de espaldas, su modo de entrar y salir a escena con ligera torpeza y, acaso sobre todo, por su generosidad al plantear un largo concierto que, también uno y otro, prolongaron de modo insólito. Hasta cinco bises, de diversos colores y procedencias, ofreció Mogilevski tras concluir el programa previsto (por cierto, previsto menos el último preludio de Rachmaninov que no fue el anunciado Opus 3 número 2 en Do sostenido menor). Solo faltó un encore para igualar a los seis que tocó Sokolov en este mismo teatro en mayo de 2006 dentro de uno de aquellos maravillosos -¡ay!- Festivales Mozart. Mogilevski es un pianista con unas dotes absolutamente excepcionales; capaz de realizar las más límpidas escalas y arpegios, de un trino perfecto, de una refinada regulación dinámica, de un toque único para producir sonoridades cristalinas en los tiples del piano (no recuerdo haber oído sonar así este mismo instrumento), y de unas ornamentaciones tan perfectas; pero es verdad que, junto a estos valores, el pianista ruso, con su peculiar concepto del tempo (bruscas aceleraciones y paradas y unas velocidades casi circenses), puede obtener resultados que dejen mucho que desear como, por ejemplo, las caóticas versiones de la Polonesa en Fa sostenido menor, opus 44, de Chopin, y del Preludio en Sol menor, opus 23/5, de Rachamaninov. Si Vladimir Mogilevsky, que es todavía un hombre joven, alcanza a serenar y controlar ese temperamento explosivo y un punto desequilibrado del que a veces hace gala, puede llegar a a ser uno de los intérpretes de referencia en el pianismo mundial.

https://www.laopinioncoruna.es/coruna/2018/12/13/falto/1356580.html

 

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